domingo, 9 de octubre de 2011

Requiem


                                   I

Al deslizar los dedos sobre aquella fría superficie comenzó a sentir las sutiles marcas que daban vida a cada una de ellas. Cada pliego, curva o textura dan fisonomía a aquel complejo conjunto donde ningún detalle ha sido dejado al azar. Demasiado sofisticado, algo un poco mas alegre quizás, un dejo de indiferencia o tal vez cinismo sería útil. Aquel día sería algo distinto, no escogería lo de siempre, no pensaba en agradarles ni en  mostrarse complaciente, sólo el maquillaje adecuado para continuar con la rutina. Dejó el mesón y abrió aquel viejo estante donde guardaba sus más preciados tesoros, aquellos que sólo utilizaba para situaciones especiales. Una leve sonrisa, delicada pero a la vez convincente, demostraba seguridad, nobleza y candidez, aquél era su favorito, una verdadera pieza de colección que había tardado años en formar. Pese a que nunca le había fallado tomó también una pieza de indiferencia, mezclada con orgullo y frialdad, digna de un político o alto ejecutivo. Se probó su traje de gala junto con sus zapatos de cuero del mismo color, se plantó frente al espejo en tanto arreglaba su corbata y sonreía complacido.
Por la calle cientos de personas corrían en su ajetreo constante, muchos de ellos demasiado ocupados como para levantar la cabeza y mirar a su alrededor. Pese a ello no pasaba desapercibido, con su andar imponente no era extraño la gente le sonriese al pasar o intercambiase sutiles miradas.

Al llegar tocó la puerta y esperó un instante, mientras hurgaba en su bolsillo en busca de un cigarro. No alcanzó a encenderlo cuando la puerta se abrió invitándole a entrar a aquél lugar. Ahí estaba, parado frente a aquellas personas que le causaban cierta incomodidad. Hola- señaló amablemente mientras realizaba una pequeña reverencia para evitar saludarles personalmente. Algunos amigos, gente que conocía y le agradaba, un par de desconocidos y aquellos a quienes no deseaba ver. No era enemistad ni rencor lo que sentía y le hacía mantenerse a distancia, sino esa extraña sensación de vulnerabilidad que creía haber dejado en el olvido.
¿Te sientes bien? le preguntó una mujer, mientras le abrazaba de forma afectuosa, y le conversaba - Hace mucho no nos veíamos, podrías haberme visitado, ¿Qué es de tu vida? Como lluvia los recuerdos llenaron su mente hasta crear un caudal incontrolable.
Sintió un temblor en la piel, nada de qué preocuparse pensó, aún tenía aquel maquillaje tan seguro y sofisticado, sólo tendría que evitarles un par de horas y luego no tendría que verles. Había olvidado hace tantos años aquella sensación que no logró reconocerla.
Todo bien, de maravilla, es un agrado verte nuevamente señaló, en tanto sonreía nervioso . Un calor repentino le invadió haciéndole perder el aire. Se apoyó en la pared intentando contener el equilibrio. Notó como una gota caía lentamente al piso, en tanto luchaba por mantener la calma. Intentó sonreír nuevamente pero esta vez no logró hacerlo, palpó su rostro y sintió el ardor del fuego en su mano, mientras horrorizado comprendió que aquellas gotas que caían sobre sus zapatos eran parte de sí, su rostro.



                                                                       II
 Corrió de aquel lugar abriéndose paso a empujones, hasta llegar a la calle que para entonces se encontraba casi vacía al caer noche. Mientras caminaba notó que la misma gente a la que había infundido respeto se horrorizaba al verle. Comenzó a correr nuevamente de regreso a casa mientras la gente se alejaba con asco o bien apartaban la vista y murmuraban.

Intentó abrir la puerta mientras la mano le temblaba, con dificultad logró quitar el cerrojo. Una vez dentro corrió hasta el espejo en el que diariamente se complacía al verse. Respiró profundo en tanto se tomaba la cabeza, tenía miedo de verse, o más bien de no verse.
Alzó la vista y no disimuló su asombro al ver la figura grotesca y amorfa que ante sí se posaba. Se dirigió presuroso al estante y escogió un poco de calma, lo puso sobre sí, pero solo logró que su rostro desfigurado tomase un color repugnante y se ardiese con mayor rapidez.
El pánico se apoderó de sí, ideas lúgubres y destructivas llenaban su mente en tanto todo intento por detener aquella erosión, que ya comenzaba a expeler un hedor desagradable fracasaba.
Abrió el cajóm ubicado a un costado de su cama y sacó un pequeño frasco, tomó un vaso de agua y bebió sin poder recordar que ocurrió después.


                                                                III
Abrió los ojos con los primeros rayos de sol filtrandose por la ventana. Había tenido una pesadilla. Con la boca seca y a paso tambaleante intentó levantarse, se dirigió al estante para comenzar su rutina diaria pero no encontró nada, miró lentamente a su alrededor. Al ver aquel desastre, sintió escalofíos, palpó nerviosamete su cara y cayó sobre sus rodillas, desecho.
Perdido en un rincón el reloj se detuvo. Día y noche se fundieron hasta convertirse en uno, la nada, tiempo muerto. Como humo vio su vida desvanecer y caer a pedazos.
Sumido en las tinieblas de aquella escena, el tiempo se detubo, días, horas o semanas contemplando obsorto, con la mirada perdida, aguardó en silencio.
De la profunda oscuridad brotó un réquiem, pieza maestra con la que culminaría el último acto de su existencia. Pese a ello simplemente calló y aguardó sin emoción alguna aquel fatídico momento.
                                                         
                                                        IV
La imagen de niño bajo el alero materno, libre, gozando de aquel estado llamado felicidad, tan pleno como para notarlo, hasta que se ha ido, reemplazado por el llanto, el amor corroído por la rutina, pisoteado por la absurda realidad. Cuando finalmente aquella palabra adquiere significado, se hace tangible y a la vez se evapora, es que tomas conciencia que no volverá jamás.
En algún momento la decepción te golpea, por insignificante que sea nada vuelve a ser igual. Fue entonces que le encontré, sin brillo, tosco pero fascinante. Al posar mis dedos comprendí que de alguna forma había sido hecho para mí, a medida, mágico y siniestro. Tal vez fue curiosidad lo que me impulsó, mientras escrutaba el rostro de la gente al pasar, pero nada, tan natural como el aire, nadie notó aquel cambio al menos no de forma tangible.¿Otra decepción? simplemente les ignoré, ya no me importó, no les necesito, no a ellos. Entonces lo comprendí, ya no le dejaría, aquella se se habia convertido en mi primera gran fortaleza, la INDIFERENCIA.

                                                                   IV
Cada decepción, herida, fracaso, era una textura, un nuevo tinte, un detalle tallado a cincel.
¿Misántropo? ¿Carente de emociones? He amado y sido amado, sólo aprendí a mantener la distancia, trazar una delgada línea, una muralla invisible, a no entregarme, creer dudando, no esperar nada de nadie. Los afectos crean dependencia, la dependencia debilidad, ventana al dolor y la decepción. 
Me detengo y alzo la vista, y contemplo ... cientos de ellos, de todo tipo, y para cada ocasión. No logro disimular la sonrisa pensarlo, tengo lo que quiero,